miércoles 25 de noviembre de 2009

Vuelta a empezar


Como los castillos de bloques de Iván, como los polvorones en Navidad, como la libertad de S o de F, como ese adiós repentino e incomprensible: se me desvanece Marruecos. En estas semanas me agarro a lo que encuentro para mantener a flote un sueño que no tiene ninguna posibilidad de salir adelante. Es un aborto, estoy expulsando una utopía.

Escribo a entidades privadas porque las públicas no quisieron saber nada ni de los huérfanos con olor pescadito, ni de mis marionetas. Me agarro a un clavo ardiendo pero en realidad yo lo sé, vosotros los sabéis, todos somos conscientes de que mi estancia aquí tiene los días contados.

Me estoy estafando en cualquier modo, tanto si me quedo como si me voy.

Lo siento, hoy estoy tostón, es lo que hay, se me está yendo todo al carajo justo ahora que las cosas parecían arreglarse. Pero nunca debes fiarte de las circunstancias si tus pies están pisando tierra africana porque aquí no existe más que el hoy.

Ya hemos estado aquí antes me dice David no tengas miedo. Y supongo que tiene razón, es sólo que hoy me he levantado tostón y con la lágrima fácil. Miro a mi pequeña familia organizando una mudanza de un país en la miseria a un país en crisis. Contaremos con la ayuda de mamá Estado… pero no puedo soportar haber perdido esta batalla que estaba perdida desde un principio ¿Cómo pude pensar ni por un momento en ganarla? Y aun así me ofende la llamada de teléfono del empresario que me ofrece cantar para sus mierdas de clientes con silicona. La silicona deberían metérsela en el culo a quien la solicitara en los pómulos en un país donde hay niños que huelen a pescado, que no tienen acceso a un filete, a libros ni a marionetas. Los puros que se fuman mientras yo canto a Kander me asfixian porque me los estoy fumando con ellos. Pero no encontré otro modo de quedarme aquí.

Han ganado ellos, me largo. Aun sabiendo que Marruecos me ha tatuado para siempre en la epidermis del corazón. Me ha hecho un tatuaje doloroso, no es un tatuaje de henna, de esos para los turistas de Jma Fna, no, Marruecos me grabó a fuego lento nunca te irás de aquí, aunque te vayas. Y así será.

sábado 21 de noviembre de 2009

Enlaces de prensa sobre el concierto del 18/11/2009 con Arte Factum

Ahí van algunos de los enlaces que se han publicado en prensa sobre el último concierto de Arte Factum:
Todavía estoy en una nube, mi vida es una montaña rusa. De Sevilla, con mis amigos del alma en un teatro como el Lope de Vega (flamenco, mágico y sevillano donde los haya) a Marrakech y al jazz: calor, chilabas, orfanatos, la espera de que las cosas mejoren, la nada, la vida. No es que yo sea bipolar, es que esta vida que llevo, entre dos continentes, no hay quien la digiera sin quedarse medio tocada entre viaje y viaje.
El 18 lo pasé realmente bien, había que estar allí, no es posible explicar lo que ocurrió. A los que os lo perdisteis lo único que puedo deciros para consolaros es que dentro de un lustro celebraremos los 20 años. Paciencia y a estar más rápidos la próxima vez con la compra de las entradas.
Gracias una vez más a todos: compañía, público y prensa.

jueves 19 de noviembre de 2009

Arte Factum en el Lope de Vega: aunque me esté mal el decirlo


Como siempre, nadie nos quitará nunca todo lo bailado, cantado y tocado anoche, como en tantas otras noches. El teatro repleto (entradas agotadas desde hacía semanas), éxito de público y crítica y muchas ganas de pasarlo bien.
Que feo está que lo diga yo, pero más feo está todavía lo de siempre, que eventos como estos pasen desapercibidos y sigamos peleando solitos/as, sin Junta de Andalucía ni INAEM que nos ladre, ni programadores que nos acunen.
Y salvadas las adversidades (percusionista lesionado en el brazo derecho, cantantes con gripe, bajas febriles entre los instrumentistas...) terminamos la noche brindando y comiendo nuestra tarta de cumpleños en los bares sevillanos. Qué bien lo pasamos (presente de indicativo).
Gracias, gracias, gracias a todos/as los/as que estuvísteis anoche en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, apoyándonos con vuestra fidelidad y vuestro cariño. Somos muy conscientes de que este proyecto cumple ya 15 años porque el público así lo quiso. Vuestros aplausos y todo lo bien que lo pasamos haciendo música juntos/as es la mejor recompensa que podíamos esperar. Seguiremos muchos años más, sin subvenciones, pero con mucha alegría.

martes 10 de noviembre de 2009

Marrakech no sueña


Una píldora de Gueliz por la mañana, después del desayuno, y otra por la noche antes de acostarse. A medio día, un sobrecito de Palmeraie y siempre que le duela la conciencia, un jeringazo de Hivernage. Quedará usted como nuevo/a en pocos días. Y es que Marrakech es una especie de somnífero, una ciudad analgésica, con barrios narcóticos, anestésicos. En Marrakech todos duermen. Unos, bajo el sol, ven pasar las horas, la nada, el hastío, sólo la oración fragmenta el día en partes, altera el tedio. Es el arte de no hacer nada, en parte porque no hay nada que hacer, no hay nada que se pueda hacer por esta ciudad, por este país. Marruecos es así, Inshahlá, Amduhlá y todo está en manos de dios así que para qué molestarnos en intentar cambiar lo que está escrito. Daoudiate somnolienta, con sus mendigos resignados, hambrientos, enfermos, con sus viejos y viejas abandonados a la voluntad del señor y de una seguridad social inexistente, con el pegamento durmiendo las narices de una juventud sin posibilidades. Medina antigua, rota, también tú duermes en la penumbra de un zoco, no donde los comerciantes levantan su telón cada día, más allá digo, en los barrios del norte, donde tus hijos hibernan en el infierno de las fraguas, duermen al arrullo del tintineo de los martillos, ellos marcan el ritmo que Alá dicto, que Europa, desde Hivernage, se esnifa con el beneplácito de un monarca.

En Marrakech se vive muy bien - sedados hablan los otros - todos sonríen- ¿Nunca oyeron los gemidos?- no es como en España- las dos orillas se mecen en el cántico de un oleaje Británico- yo odio ir allí, me deprimen los españoles… aunque claro- aunque claro- es comprensible, allí están las cosas muy mal, no como aquí. Aquí se vive con dos duros, apenas hay que trabajar…

sábado 7 de noviembre de 2009

La noche, un espacio masculino



La otra noche me monté en un taxi en el que ya había dos clientes (aquí se comparte todo). Salam maleicum, dije, lo que provocó una carcajada en el conductor, di mejor “bon jour” porque pronuncias muy mal el árabe. Le dije que el francés tampoco era mi lengua materna de manera que con total seguridad pronunciaría igualmente mal el “bon jour”. El tipo siguió riéndose de mí, su tono era de condescendencia, siempre siento que ciertos hombres (no sólo los marroquíes) me hablan como si fuera subnormal, con media sonrisa, como sin quererme tomar en serio. Creo que les bloquea su propia inseguridad. Ese señor no puede soportar que una mujer salga de noche, sola, maquillada y con escote, tome un taxi y lo pague con el dinero que gana trabajando. Es tan sencillo como eso. Su retahíla en árabe no se me escapó, el dariya no es tan difícil al fin y al cabo. No me gustan las mujeres vestidas así, le decía al usuario que iba sentado detrás, a mi lado, prefiero las que llevan una simple chilaba y un hijab. Claro que las prefieres, cabrón, pero los subnormales como tú terminaréis extinguiéndoos y, en cualquier caso, ¿Por qué me pediste que me sentase a tu lado en cuanto nos quedamos solos en el taxi? ¿Por qué me preguntaste si estaba casada? ¿Por qué me decías que era guapa? Quizás los escotes, al fin y al cabo, te gusten más que los hijabs. Estoy cansada de hipócritas puritanos, de que me cobren el doble de la tarifa habitual por ser blanca, de que me insulten y me amenacen si me digno a replicarles. La otra noche uno se bajó del taxi y me persiguió calle abajo insultándome y escupiéndome. Llegué a casa temblando.
Ahora llamo a un chofer de confianza que me viene a recoger y me lleva de puerta a puerta. Me cubro con una gabardina y me quito los pendientes largos antes de salir a la calle. Aquí una cantante es una prostituta y por tanto una mujer sin honor y digna de humillación y faltas de respeto.
Pero lo que más tristeza me produce es darme cuenta de que en mi propio país, España, las faltas de respeto a las mujeres son gemelas a las de aquí. Cada semana muere una media de dos mujeres a manos de sus parejas y el número de las maltratadas es casi imposible de calcular. En ciudades tan auténticas como Sevilla o Madrid se sigue practicando el vejatorio arte del piropo y los señores condescendientes de los que antes hablaba están por todos lados.
Este sigue siendo un mundo de hombres. Las únicas diferencias que encuentro entre Marruecos y España están en las actitudes de las instituciones y en las de las propias mujeres, aquí completamente sometidas y resignadas.

viernes 6 de noviembre de 2009

Promesas de la lírica

La única ocasión en la que me presenté a un concurso lírico me dije esta vez será la última. Siempre que he ido a ver La Bohème me he prometido a mí misma no voy a llorar y cada vez que he ido a ver El Barbero de Sevilla me he dicho controlaré las carcajadas, lo haré. Pero hasta hoy sólo he conseguido mantener la primera de las tres promesas. Es muy tenso ir a la ópera conmigo, en serio, no me acompañéis jamás, aunque yo pague la entrada. El caso es que no me sé comportar como se debe. Mozart y Rossini hacen que me tronche y la señora del asiento de al lado, que suele oler a Carolina Herrera y se lee muy bien el programa de mano, se enfada y me mira mal porque por culpa del escándalo que monto ella no puede apreciar el crescendo tan bien llevado por el director de turno o el acorde de séptima de dominante marcado por la trompa. Pero es que yo lo que me imagino es a Mozart escribiendo el crescendo completamente trompa. Él era un músico cebolla, por aquello de las capas de lectura. Lo veo también como el primer cabaretero de la historia, se adelantó unos siglos a la Alemania nazi, lo digo por la temática de sus libretos y el humor caca-culo-pedo-pis.

Por todo ello y porque el precio de las entradas me parece un timo, ya casi no voy a la ópera. Aunque la eche de menos y a pesar de que consagré mis más tiernos años de juventud al estudio cabezón de dicho género. No, ya casi no voy, y no sé si lo hago por una cuestión de honor o por razones puramente prácticas. El caso es que me mantengo (¿me mantienen?) al margen. En Europa incluso también como intérprete y en eso la cuestión es aun más complicada porque cuando canto en cabarets y garitos de mala muerte me dicen que mi voz es más apropiada para teatros y cuando canto en teatros me dicen que soy demasiado jazzera para hacer bien un aria de Rossini y que pruebe suerte en los clubs nocturnos. En EEUU es otro cantar, allí vale todo y las/os intérpretes no tenemos que especializarnos en un solo género. Es una cuestión cultural, la dirección artística de los teatros atiende a tradiciones.

En cualquier caso, si debo decir la mía, estoy muy contenta con mi evolución profesional. Me queda mucho para decir en un escenario lo que quiero decir y cómo lo quiero decir, pero siento que voy por el buen camino. He comprendido que (como bien dijo Susana Moo en este blog el otro día) una vez que un artista termina su obra ésta pasa a ser de toda la humanidad, por eso sé que Mozart no es propiedad privada de los “grandes teatros”.

Ahí os dejo una foto de mi versión de L’Italiana in Algeri, bajo la dirección escénica de Eduardo Khawan, en el 2007, Columbia City Theater, Seattle (EEUU). Qué buenos tiempos aquellos, el número de después era con música de Kurt Weill. Si hago algo así en España los críticos me masacran. Y es que no puede ser que la misma boquita cante a Alfonso X el sabio, se marque un blues por Ellington y quiera encima hacer gorgoritos verdianos. Europa necesita etiquetas, si no se pone nerviosa.

jueves 5 de noviembre de 2009

Necesito superpoderes


Ayer visité el orfanato de B. G., zona intensita donde las haya. En ese barrio me siento viva, no puedo evitarlo, me va la marcha. Era mi primer día como profesora de un taller de teatro y música para diez huérfanos de 9 a 11años. No hablo árabe, ellos no hablan francés. Me dijeron que la edad de los niños sería de 4 a 7 y preparé actividades para críos de esa edad (cambia muchísimo, creedme). El suelo estaba tan sucio que era casi imposible hacer los ejercicios de expresión corporal, los críos estaban muy sucios también, olían muy mal (pero muy, muy mal) y se pegaban entre ellos, me pasé el tiempo separándolos hasta que llegó la “intérprete”, otra huérfana (de unos 17 años) que sólo habla árabe. No voy a saber hacerlo, me dije, y quise salir corriendo de allí (os acordáis la sensación del primer día de escuela, cuando suplicabais a vuestras/os madres/padres… no me dejes aquí, me quiero ir a casa… pues poco más o menos así estaba yo). Al final tuve que comportarme como una adulta y quedarme. Qué difícil es ser mayor cuando por dentro se es chica.

Esto va a ser muy complicado, pero ayer conocí a Isabella, una francesa que no vive en Gueliz y que sonríe y aprieta fuerte la mano al presentarse ella misma. Y los niños también sonreían y me dieron besos al despedirnos y se rieron cuando nos revolcamos por el suelo polvoriento, cual croquetas rebozadas en pan rallado, con la música de Satie volando por el aula. Y cuando sonó Wagner un niño dijo que esa canción era la canción de la peli de Batman.